Adri Humo (@humocefalo)

Lecturas: No seas tú mismo (5)

Esta es la quinta y última parte de mis apuntes sobre "No seas tú mismo: apuntes sobre una generación fatigada". El resto están en el blog. Al final del post encontrarás un link a la anterior parte.


Hacia una fatiga afirmativa

La fatiga, en medio del popurrí de la autoayuda y los discursos terapéuticos culpabilizantes, recibe socialmente una condena moral: no solo denota que quizás no nos entregamos lo suficiente al trabajo (o estudios, o aquello que se considere ritual de realización social), sino que además no estamos haciendo nada para cambiarlo, para ser nuestra mejor versión.

«para la cultura del esfuerzo neoliberal, que necesitemos un batido de Orfidal, melatonina y pasiflora para poder dormir seis horas seguidas no es lo ideal, pero mucho peor sería dejarnos vencer por el pesimismo, la acedia y el abatimiento, demostrando así que no queremos ser mejores ni más felices, que preferimos la autocompasión lacrimosa a tomar las riendas de nuestra vida. [...] el bienestar se vuelve aquí sinónimo de rendimiento»

Espluga ejemplifica esta retórica en los artículos que aparentemente se preocupan por nuestra salud, por el insomnio y la fatiga. Son artículos que reúnen hipótesis no comprobadas —como la cuestión de la luz azul como gran responsable del insomnio—, síntomas generales, testimonios de expertos —que se mueven en el mismo discurso. Qué pesadilla el argumento de autoridad— y, además, son artículos dirigidos al lector, en segunda persona: qué puedes hacer TÚ para combatir estos síntomas. Son artículos que todos hemos leído y leemos, y que, claramente, sin negar la utilidad que puedan tener a veces, esconden las causas sistémicas de los malestares. Nunca culpabilizan al trabajo, por ejemplo, siempre es el lector el sujeto, el que decide trabajar X horas y por tanto ahora tiene que afrontar las consecuencias que eso tiene en su cuerpo.

«no solo estamos cansados de estar cansados, sino que además estamos cansados de no poder permitirnos estar cansados».

Un punto clave, sobre el que tengo que pensar para integrarlo en mi mirada, es el de cambiar la concepción del trabajo productivo desde la raíz, de forma que se conciba todo el alcance de la explotación capitalista: desde el trabajo que todos conocemos hasta aquellos procesos de reproducción social y biológica que producen y sostienen a los trabajadores en tanto que sujetos de rendimiento. El ejemplo más conocido que se me ocurre en esto es el de "detrás de todo gran hombre hay una gran mujer", es decir, que en el binarismo de los roles de género el trabajo productivo de un hombre no sería posible sin el mantenimiento y cuidados de las mujeres —mayormente la pareja—.

La fatiga es entonces una condición social, no un estado transitorio. La principal consecuencia a afrontar de la fatiga y sus derivados, en nuestro contexto, es la falta de implicación política que genera en nosotros. Como dice Fisher: «cada vez aceptamos más la idea de que no somos el tipo de personas que pueden actuar».

«cualquier intento de escapar de este régimen de poder deberá comenzar por romper con la actitud de desafección y postración que ha naturalizado nuestra miseria como algo inevitable y merecido. La fatiga, por lo tanto, también afecta a la imaginación»

Si la imaginación es el impulso para abrir nuevas posibilidades, la forma en que comprendemos la fatiga es prácticamente su antítesis, puesto que no admite nuevas posibilidades, ya que en el fondo piensa que no es posible nada más allá de lo que hay.

Afrontar todas estas cuestiones —y otras tantas— colectivamente, significa también transformar el sujeto. Repensar el sujeto, ya no como una realidad ontológica independiente, sino como ontológicamente dependiente del resto de seres humanos, no humanos y el planeta: una subjetividad poshumana 1. Bajo esta concepción no se derrumba, como muchos creen, nuestra autonomía, sino que se transforma en una «autonomía del afecto como fuerza vital que se realiza siempre mediante nuestros lazos relacionales»
Pero, ¿cómo podemos convertir la fatiga en algo positivo y cultivar una mirada colectiva? Resulta que cuando estamos fatigados (o tenemos malestar), se evidencia nuestra vulnerabilidad y se acentúa nuestra dependencia, que «el agotamiento nos pone en relación con los demás animales, humanos y no humanos, con el planeta, con otras formas de pensamiento y con la posibilidad de una nueva ética». Mirar desde esta perspectiva la fatiga es el primer paso, poner en común tanto la propia fatiga como esta forma de mirarla es el segundo.

«Afirmar la fatiga significa cultivar los afectos negativos como el resentimiento y la infelicidad en tanto que ejes de clase, género y raza; significa defender una ética y una política redistributiva de los cuidados; significa abandonar el determinismo tecnológico en favor de estrategias de reapropiación táctica de los dispositivos y los saberes técnicos; significa resistirse a patologizar el malestar laboral como una enfermedad psíquica; significa no ceder ante la parametrización biopolítica que aspira a hacer de nuestra existencia una mercancía disponible, operable y circulable; significa no anestesiar nuestro sufrimiento y defenderlo contra la cultura de la autoayuda, para así visibilizar sus causas: negarse a ser uno mismo no es una negación vacía y retórica, sino el principio de una huelga más vasta, mucho más drástica».


Referencias que me interesan

  • Rosi Braidotti (trata el tema de la fatiga)
  • Martí Peran (trata la fatiga también): la fatiga como punto de inflexión para, en lugar de corregirla para regresar a la productividad, plantear un proceso de emancipación
  • La becaria (Performance de Pilvi Takala no haciendo nada en la oficina durante un mes)
  • Paul Lafargue (el derecho a la pereza). Era el yerno de Marx.
  • Cómo no hacer nada, de Jenny Odell
  • Tractatus logico-suicidalis, de Hermann Burger. Reflexiones sobre el suicidio en una parodia sobre la posibilidad de suicidarse. El autor se suicidó.
  • Sara Ahmed
  • Mark Fisher

Lecturas: No seas tú mismo (4)


  1. Poshumanismo vs Transhumanismo:
    El poshumanismo abandona el antropocentrismo del proyecto humanista, concibiendo al humano como un ser más en relación al resto. No es que el poshumanismo fabrique esta relación, sino que esta es preexistente y el poshumanismo solo la abraza, tratando de limar todo el ego con el que vivimos.
    El transhumanismo es, en el fondo, una extensión tecnológica del humanismo, puesto que no solo abraza el antropocentrismo, sino que lo abraza y lo magnifica a través sus fantasías biotecnológicas que buscan aumentar aún más la excepcionalidad que el humano supuestamente posee sobre el resto de seres. Por supuesto se ve que está muy ligado a la búsqueda de crecimiento ilimitado del capitalismo. 

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